Prensa

En el XV aniversario de La Cebra, 2011

Gerardo Bustamente Bermúdez, 2011

Gerardo Bustamante Bermúdez

Hace quince años nació La Cebra, compañía que inauguró el concepto de “danza gay”, dirigida por el bailarín y coreógrafo José Rivera Moya. El año de 1996 era todavía una época en la que la estigmatización de los homosexuales y el sida iban de la mano, de ahí que el surgimiento de esta compañía de danza constituya un alegato a favor de la comprensión del otro. Rivera Moya eligió la danza como medio para hacer visible lo que aparentemente no lo es frente a la sociedad y la escena política. Antes de la comercialización y la politización de lo gay, el discípulo de Raúl Flores Canelo ingresó a los foros teatrales, recorrió varios estados de la República, participó en festivales internacionales y tuvo temporadas en la Ciudad de México. El bailarín sigue haciendo su trabajo, dirige, baila, repone coreografías o compone coreodramas. El discurso corporal de La Cebra pugna por la dignificación del sujeto homosexual, su vida, sus deseos, pasiones y cotidianidades, que pueden ser las de cualquier individuo, sólo que en este caso la disidencia sexogenérica inevitablemente está inmersa en un contexto homofóbico, machista y patriarcal, y es ahí donde la danza de La Cebra pone el acento para hacer visible a lo diferente.

En las piezas de danza de Rivera Moya lo mismo se celebra un encuentro homoerótico que una queja desolada. El lamento de una comunidad dolorida que muere a causa del sida, la vida nocturna travesti, las riñas, las pasiones y el amor desilusionado son facetas de la construcción de los personajes de La Cebra. Son pocas las coreografías en las que el bailarín potosino no hace una notable referencia al sida como una enfermedad social. El compromiso del autor a través del cuerpo es un homenaje a los caídos por esta pandemia que en décadas pasadas se consideraba casi exclusiva de los homosexuales.

La Cebra Danza Gay se nutre de la “alta cultura”, así como de los elementos cotidianos considerados como “bajos fondos”. Lo mismo la música clásica que la cumbia sonidera o las canciones de Chavela Vargas sirven como ambientaciones para que los bailarines cuenten historias a través del cuerpo. La compañía poetiza lo trágico, las historias particulares que a la vez son las de una colectividad que se vuelve visible a través del arte de la danza, por eso los quince primeros años de esta compañía merecen festejos, pues su lucha social a través de los cuerpos masculinos que bailan, se travisten y crean espacios de diversidad sexo-genérica merecen atención particular.

El discurso de la libertad y la reivindicación social y política del homosexual encuentra espacio en las propuestas coreográficas de la “danza gay” de Rivera Moya y su compañía, por eso son un grupo disidente incluso dentro del ambiente dancístico. Sus coreografías son contestatarias, son un medio de sobrevivencia y una posibilidad para pensar y vivir la otredad a través del cuerpo y del ritual siempre eterno de la danza.

Revista Este País
Febrero 2011
www.estepais.com


Las simples cosas de La Cebra

Manuel Stephens

Desde se fundación en 1996, La Cebra Danza Gay ha sido la protagonista de un suceso inédito en la danza mexicana. No obstante que la compañía nace en los años en que la mayoría en que los coreógrafos mostraban preferencia por discursos esteticistas y por la experimentación con estilos de movimiento que recién se hacían presentes, como el release, y/o hacían un trabajo de búsqueda dentro del marco de la llamada danza-teatro y la interdisciplina –todo lo anterior con miras a generar una escena dancística de neo-vanguardia–, Rivera Moya, su director, dentro de estos parámetros que también lo influyen, continúa con la arraigada tradición mexicana que ve en la danza un medio para incidir políticamente en la sociedad.

Después del interés nacionalista generado desde la época posrevolucionaria, que se extiende incluso hasta la década de 1970, y de la labor de coreógrafos que llevan a escena la problemática de los campesinos, de la clase obrera y de la intelectualidad en lucha contra el imperialismo estadounidense, Rivera abre camino para hacer visible a una minoría específica: la comunidad homosexual.

Las primeras obras de este coreógrafo no tienen un trasfondo político como tal, pero el mero hecho de abordar temáticas que corresponden a un sector de la población que ha sido persistentemente reprimido y violentado en sus derechos, hace que sus coreografías tengan naturalmente rasgos de activismo social. Yo no soy Pancho Villa, ni me gusta el fútbol, espectáculo que recrea escenas de la vida homosexual mediante la iconografía de la cultura gay con elementos retro que remiten a la época inmediatamente anterior al sida, es ya una declaración de principios.

El activismo de La Cebra llegará a su punto culminante con Antes que Amanezca, que denuncia los crímenes por homofobia, que al momento del estreno estaban inpunemente a la orden del día entre los travestis chiapanecos. En Bailemos a Mozart por los ángeles que se han ido, bajo otro registro, Rivera trata la muerte por sida evitando una visión fatalista; es una celebración de la vida que hace un llamado a luchar contra esta pendemia. El repertorio de La Cebra es amplio y, aunque políticamente comprometido, no es panfletario, lo cual resultó en la generación de un gran público de seguidores conformado, sí, por la comunidad gay, pero también por muchas mujeres y hombres heterosexuales y por adolescentes conscientes de la diversidad sexual, que abarrotan las funciones en cualquier foro que la agrupación se presenta.

Con Las Simples Cosas, obra plagada de elementos autobiográficos de Rivera, el coreógrafo presenta un dueto de cámara en el que él y Christhian Rodríguez se representan a ellos mismos.

El espectáculo es una auto-reflexión sobre la vida al interior de La Cebra, es un ajuste de cuentas con el pasado que quienes lo vivimos podemos leerle con mayor precisión, pero que no es en forma alguna críptico para el espectador. Musicalizada con canciones de Chavela Vargas y dividida en trece cuadros, la obra enfrenta fraternalmente a “José” y a “Christhian” en un juego de poder signado por la pérdida. Los bailarines recrean dinámicas creativas mediante la representación de mujeres clave en el arte mexicano como Frida Kahlo, María Félix, Dolores del Río y Pita Amor, y hacen una parodia de los estereotipos sexuales –incluido el gay–, así como de vocabularios ultra-codificados como el Graham de Guillermina Bravo –no el de Martha y el del folklore.

Bajo una estética mexicanista, con un mordaz sentido del humor, un uso del sarcasmo que se auto-revierte (“india y piojosa, pero soy la única que quiso bailar contigo”, dice Christhian) y un tono melodramático que llega por momentos al límite (mismo que la idiosincrasia mexicana ha hecho suyo), Las Simples Cosas narra la historia de una despedida, pero simultáneamente marca el reencuentro de Rivera con quienes había dejado en el camino e incluso consigo mismo. Con las Simples Cosas La Cebra Danza Gay vuelve a ocupar el lugar único que por derecho le corresponde en la danza de nuestro país y que nadie hubiera podido conquistar.

Manuel Stephens

Aniversario de plata
Manuel Stephens

En 1998, el escenario del Palacio de Bellas Artes fue tomado por asalto por un grupo de vestidas ante la euforia de la mayoría y la indignación del resto, “¡Para eso mejor me voy a un antro!” gritó una mujer de entre el público. Se trataba del XIX Premio INBA-UAM, en ese entonces V Concurso Continental de Danza Contemporánea, del cual José Rivera había sido finalista con Antes que amanezca (cuando ya va bien mala), dedicada a “La Plata y todas las que algún día quisieron ser como ella. Yo misma”.

Con un elenco formado únicamente por varones -axioma de La Cebra que sólo se ha abandonado en una ocasión-, la obra era una denuncia frontal por los recientes asesinatos de travestis-prostitutas en Chiapas. La conmoción que se produjo residía tanto en el tema, la interpretación -que incluía un encuentro sexual entre dos de los personajes y un homicidio-, como por la desacralización del espacio más importante para las artes escénicas del país. El premio, por supuesto, no se le concedió.

Con anterioridad, Rivera ya había escandalizado a públicos con
Ave María Purísima, un solo en el que crea un personaje quien, en un ambiente religioso, se flagela por amor, con texto de Jean Genet y musicalizado con una cumbia.
Dentro del repertorio del coreógrafo potosino se cuentan la obra
Danza del mal amor (o mejor me voy), compuesta siendo bailarín del Ballet Independiente, y Yo no soy Pancho Villa, ni me gusta el futbol, espectáculo fundamental para La Cebra, así como para la danza nacional; estos títulos pueden ser interpretados como una declaración de principios que nos revelan lo que ha sido la carrera de Rivera desde sus inicios: la exposición de los vericuetos -no siempre gratos- de la vida gay en México, en una suerte de “activismo dancístico”.

Como coreógrafo es un artista defensor de la diversidad, riguroso con la factura de sus obras y comprometido con sus causas. Como bailarín, Rivera es un solista nato, dueño del escenario y cautivador de públicos. Hace 25 años inicia su trayectoria como intérprete, primero en el Ballet Provincial de San Luis y después en el Independiente, pero su ser bailarín es indivisible de lo que ha continuado haciendo en La Cebra, donde continúa bailando.

Desde su arribo al Distrito Federal en 1987, José Rivera ha sido ejemplo de talento y tenacidad. Una de las figuras indiscutibles de la danza contemporánea mexicana reciente, a quien celebramos por estos primeros 25 años de danza, de éxitos y premios, que seguramente continuarán reproduciéndose.
Enhorabuena.

Manuel Stephens

¡Salud Mi Cebra!
César Delgado Martínez
José Rivera Moya –quien fundó hace 14 años La Cebra Danza Gay- y que este año se encuentra celebrando 25 años de trayectoria como bailarín, se nutrió de los brebajes que preparaban con sabiduría sus maestros Lila López (1933-2001) y Raúl Flores Canelo (1929-1992).

Esos menjurjes culturales, Rivera los transformó en bebidas con fuerte dosis de ironía, algarabía y pesadumbrés. No escatimó esfuerzo alguno. En sus horas de sufrimiento, supo diferenciar la paja del grano, el arrojo del conformismo, el follaje de las flores.

Se alimentó de largas noches permeadas por el placer y el dolor; la angustia y la satisfacción; la pereza y la creatividad. Recorrió caminos que le ofrecían las mieles sabrosas, pero también las hieles amargas. No se conformó con lo que ya estaba dicho. Se convirtió en un bastardo, -como pedía Anna Sokolow a sus discípulos- para transformarse en un artista, donde la irreverencia y el rigor se dan la mano en una danza en que no se anida el conformismo ni la complacencia.

“Lo culto” y “lo arrabalero” merecen el mismo peso en la balanza creativa de Rivera. Nada humano le es ajeno. Se fue por el camino de la defensa de lo gay, con una postura ideológica que invade su vida entera. La Cebra, el animal maravilloso único en su diseño rayado, se convirtió en el símbolo de su danza y de su lucha.

Ahora decir La Cebra es hacer referencia a Rivera. Las Cebritas( Bruno Ramírez, Hugo Cruz, Juan Madero y Jonathan Villeda entre otros ) esos bailarines extraordinarios, -a veces tan caprichosos y en ratos tan vanidosos, como el mismo tutor- se convierten en sus cómplices creativos en sendos discursos coreográficos, que allanan las moradas de los públicos más diversos y que ahora para celebrar estos 14 veranos no sólo participarán como bailarines si no también como coreógrafos . Y para sorpresa y gusto de sus fieles seguidores dentro de los festejos se incluirán obras de repertorio de Raúl Flores Canelo y de Rivera así como estrenos de coreógrafos invitados como: Marco Antonio Silva, Graciela Henríquez y Rafael Rosales y el estreno de José Rivera Moya Arcoiris mambo.

El aplauso es obligatorio. El aplauso es desde una butaca donde un admirador de La Cebra y Las Cebritas, a escondidas, levanta una copa de champaña para brindar por estos 14 años de vida de la compañía y por esos 25 años de trayectoria como bailarín de Rivera .
¡Salud Mi Cebra! ¡Salud Mis Cebritas!

César Delgado Martínez
La Cebra Danza Gay, “más perras que nunca”
Juan Hernández, 01/04/2013

La Cebra Danza Gay, “más perras que nunca”
 
LUEGO DE NUEVE MESES DE REPOSO, LA COMPAÑÍA DIRIGIDA POR EL COREÓGRAFO Y BAILARÍN JOSÉ RIVERA RETORNA A LOS ESCENARIOS


 POR JUAN HERNÁNDEZ


 
En repetidas ocasiones he escuchado decir que La Cebra Danza Gay, la compañía de José Rivera, necesita renovarse. ¿Por qué?, he preguntado. La respuesta, casi siempre, es la misma: Porque hoy los
gay no son discriminados como hace 15 años.  
 
Por un momento creí que esto era verdad,  que hoy los homosexuales viven en la plenitud de la igualdad de derechos, en una sociedad mexicana sin homofobia. La realidad, sin embargo, dice otra cosa. 
 
Hace un par de meses leí que en la calle de Cuba, en el Centro Histórico de la capital, un sujeto abordo de un auto gritó “¡pinches jotos¡” a dos hombres
gay que caminaban tomados de la mano, y como uno de ellos respondió a la agresión, el sujeto bajó del automóvil y lo mató de un balazo. 
 
Se ha avanzado, sin duda, en el reconocimiento de los derechos de personas cuya condición sexual disiente de la heterosexual. En la ciudad de México se aprobó el matrimonio de personas del mismo sexo y las parejas homosexuales pueden adoptar si así lo desean y cumplen con los requisitos exigidos a todos los solicitantes por igual. 
 
No se pueden desdeñar estos logros, pero de eso a que la homofobia haya sido erradicada de la sociedad mexicana hay un abismo de diferencia. 
 
Se preguntarán que tiene que ver todo esto con el arte coreográfico. En el caso de la propuesta dancística de La Cebra Danza Gay, todo. 
 
José Rivera inició hace 16 años un proyecto artístico desde el cual denunció la homofobia y la hipocresía, al mismo tiempo que dio forma escénica a la muy particular sensibilidad “gay” como una manera digna de estar en el mundo. El atrevimiento ha sido celebrado, pero también tiene a sus detractores. 
 
Lo cierto es que el trabajo de esta compañía dancística ha sido uno de los más contundentes -por la claridad del discurso y la solidez de la propuesta estética- en la danza mexicana en las últimas dos décadas. 
 
Pocas compañías de danza han llamado la atención del público de manera tan contundente y establecido un diálogo actual con la sociedad mexicana como lo ha hecho La Cebra Danza Gay.  
 
La compañía de José Rivera vincula de manera directa su quehacer artístico con los procesos sociales y, en ese sentido, ha influido fuertemente en la transformación de la sociedad mexicana.  

Irreverente, provocadora, ácida, festiva, militante, han sido algunos adjetivos utilizados para referirse al quehacer de esta agrupación. Insufrible es para otros, aunque las razones para descalificar el trabajo de esta agrupación dancística resultan, regularmente, extra-artísticas. 

Las expresiones en contra del trabajo de La Cebra Danza Gay que he escuchado se relacionan con el uso de los tacones y las lentejuelas, “estuvo bien al principio, pero ya
chole con eso”, o a la reiteración del homoerotismo, el sexo anónimo y furtivo, la homosexualidad en instituciones como el Ejército, o los personajes que mueren por Sida. 

El caso es que no hay un argumento que impugne la propuesta estética, el rigor de los bailarines, la solidez de la estructura coreográfica de las obras, el ensamblaje de los recursos que potencian el hecho dancístico. 

Jamás se ha cuestionado a la danza de otras compañías por abordar temas sobre el amor heterosexual, o centrar la búsqueda discursiva en la exploración de la esencia femenina o rebuscar en la sexualidad entre hombre y mujer. Eso es lo común, son los temas recurrentes en casi todas las obras dancísticas, pero reflejan el modelo dominante y aceptado en la sociedad.  

De tal forma que cuando escucho opiniones, en este sentido, en contra del trabajo de La Cebra Danza Gay, de personas con formación académica y un nivel intelectual respetable, no puedo menos que pensar sobre una cierta homofobia de “clóset”. 

Lo cierto es que José Rivera tiene clara su misión como artista y ésta no está desligada de su lucha como hombre en una sociedad en donde la victoria de la igualdad aún es lejana. 

El reto actual de La Cebra Danza Gay es devolver la conciencia a la sociedad sobre la falacia de la igualdad proclamada por la endeble democracia mexicana; con la intención de no abandonar una lucha que está lejos de concluirse. 

La pertinencia de la propuesta artística de la agrupación sigue vigente porque en el México de hoy los crímenes por homofobia no se han detenido y la discriminación y la estigmatización de personas portadoras del VIH-Sida sigue siendo moneda corriente en el día a día de los mexicanos. 

José Rivera no habla por aquellos que gozan de los privilegios de la educación, el poder económico y un estatus intelectual elevado, da voz a los vulnerables entre los vulnerables, aquellos que no sólo padecen la violencia ejercida con saña por una sociedad homofóbica, sino que han sido desposeídos de herramientas para defender sus derechos. 

Y lo hace a partir de una estética que se alimenta de un claroscuro barroco con el cual el artista resalta la sordidez en la que se desatan los instintos. El universo que figura en escena es de un dramatismo hiperrealista, fundado en el conocimiento pleno de las emociones desatadas, de la carcajada burlesca, del dolor y el placer como las dos superficies de una moneda, la muerte como la celebración de una vida, y la dignidad humana como el gran rehén de la hipocresía social. 

La calidad de los bailarines de La Cebra Danza Gay es indiscutible, se comprometen con su quehacer, trascendiendo el ámbito de la técnica por dominada para arribar al misterioso universo de la poética con la potencia suprema de la creación.  

José Rivera reparte sus fuerzas entre la dirección artística de Ballet Independiente y la Cebra Danza Gay. Compañías con distintas personalidades, cuya única coincidencia es la sensibilidad de quien las dirige. 

A Rivera se le recrimina estar a cargo de ambas compañías y no dedicarse de tiempo completo a una de las dos. Hay algo de razón, pues si dirigir a una compañía y consolidarla ya es un reto para cualquiera, estar al frente de dos pareciera a todas luces una misión destinada al fracaso.  Al tiempo.

Por lo pronto, no queda más que celebrar el retorno de La Cebra Danza Gay a la escena con el estreno de “Es que me falta el rojo”, de Rivera, que si bien no se alejará de las búsquedas formales y discursivas militantes de la agrupación, se perfila como una obra de naturaleza intimista. 

La próxima función de La Cebra Danza Gay con el programa que incluye el estreno arriba señalado, así como “Colegio militar” y “La Kirkland” (homenaje al bailarín Manuel Stephens a un año de su muerte), y “Oraciones”, de Graciela Henríquez, se llevará a cabo en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, el 6 de abril, a las 19 horas. 

La estampida, como ya es usual con esta agrupación, será brutal, y aunque son cebras regresan –Bruno Ramírez
dixit- “más perras que nunca”. 

Tomado de:
http://www.revistaantidoto.com/danza.php?ed=61

Las simples cosas, de José Rivera
Rosario Manzanos, 05/06/2012

Las simples cosas de José Rivera
Rosario Manzanos
5 de junio de 2012, publicada en Revista Proceso


MÉXICO, D.F. (apro).- Desde que fundó La Cebra Danza Gay en 1996, José Rivera tomó la opción de hacer militancia a favor de la homosexualidad, bisexualidad y los transgénero. Alumno de Raúl Flores Canelo, Rivera entró de lleno a la danza nacional con un discurso provocador y en ocasiones literal para mostrar la parte mórbida y sombría de su propia realidad.
Pero además de hacer la militancia gay, también optó por hacerse de un discurso dancístico y teatral que le procurarán la posibilidad de abrirse las puertas como creador de altos vuelos que no acepta presentarse en espacios que no sean estrictamente culturales ni permite que sus obras sean vistas desde la perspectiva del morbo ni del espacio escondido.
En cambio, José se construyó su propio espacio dentro de la danza contemporánea independiente, en el que homosexuales, heterosexuales y bisexuales conviven alegremente bajo el fin de adaptarse a la concepción coreográfica que José impone en su trabajo.
Las simples cosas, coreodrama o teatro corporal es un ejemplo de su audacia y temeridad para abordar con los mínimos recursos una sátira sobre sí mismos y sobre los bailarines que lo acompañan. Con música de Chavela Vargas, Rivera se exhibe como un bailarín y creador maduro, dominante, envidioso, ladino y extraordinariamente cómico.
Formado en las filas del Ballet Independiente, su dominio de la técnica Graham es evidente, lo mismo pasa con el ballet, pero lo que en realidad le divierte más es la exposición pública de ciertos aspectos políticos y socio culturales del país. Y con ello se convierte en un descendiente directo de la carpa y el cabaret, pero con un estilo técnico y una arrogancia a base del entrenamiento que muchos coreógrafos profesionales convencionales no han logrado jamás.
Y tal es su éxito que llena los teatros no sólo de gays sino de familias completas de clase media y decenas más provenientes de clases populares que están dispuestas a pagar ya a seguir como trashumantes las presentaciones del artista de 44 años,
Mi prima la operada, secuencia en movimiento para travestis fue realizada apenas unas semanas para ser parte del reality de danza contemporánea Ópera Prima Danza Contemporánea que el próximo fin de semana llegará a su fin.
Preocupados, algunos integrantes de la producción del Canal 22 le mandaron decir a Rivera que tuviera cuidado con lo que hacía porque el programa es familiar y pasa por un canal cultural a nivel nacional.
Con su modo decisivo Rivera fue contundente y le dijo a Ruby Gámez, parte del equipo de producción, “que primero le dijera quiénes eran la producción para ir a hablar con ellos y en segundo lugar para qué lo invitaban si ya sabían lo que suele hacer”. No hubo quien le saliera al paso y para su presentación sacó al escenario a los bailarines en plataformas, ligueros ellos y ellas a manera de dominatrices para hacer un sketch en el que hacían pasarela, coronaban a una reina para luego tirarla del escenario.
El éxito fue mayúsculo y desde ese día, durante los nuevos programas de Ópera Prima la gente grita en el Teatro del Centro Nacional de las Artes “queremos a La Cebra”. Rivera, vestido con un minúsculo short con el letrero fuck, una ceñida camiseta y en chanclas responde desde su butaca “a güevo” impávido.
Rivera se pasea por todo el teatro mientras le piden autógrafos, serio y formal en su trato amablemente se toma fotos con quien él quiere y los bailarines del reality han señalado su interés en trabajar con él, por su audacia y temeridad.
Habría que revisar el fenómeno de La Cebra Danza Gay, de las llamadas “cebritas” y de la importancia que tienen en el medio de la danza nacional. Sus propuestas son insólitas y transgresoras. Sólo un ejemplo: la coordinación nacional de danza seleccionó a La Cebra para cerrar las funciones de danza contemporánea el Día Internacional de la Danza, pero no tenía presupuesto para pagarle a nadie.
Rivera aceptó y ese día al terminar su presentación le dijo al público que Teresa Vicencio no le quería pagar a los bailarines:
“Ustedes qué creen, mi trabajo vale o no la pena” le dijo al público. Y ante el entusiasmo bajó a sus bailarines con alcancías de diez pesos a pedir una colaboración. Juntaron cuatro mil pesos y se fueron felices a cenar.

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Críticas de Prensa

  • José Rivera está lejos del No y el Kyogen, está lejos del Trocadero, está lejos del Butoh, esta lejos de los shows de travestis, está lejos de los programas televisivos de auditorio pero los contiene a todos, en la química única de su danza.
Valerio Cesio, Revista Funámbulos
Marzo del 2001,
Argentina.

  • Después de algunos escándalos, su trabajo de coreógrafo y su Compañía se impusieron de tal grado que logró sAacar a la comunidad gay de su aislamiento. Ni escenografía ni música original; José se confía a la danza pura para expresar la dualidad.
Martine Planels, Revista Danser, Septiembre del 2002, Francia.

  • Su danza muestra amor y sensualidad pero también es sugestivamente erótica…
Tomas Hahn, Revista Ballettanz, Enero 2003, Alemania.

  • Cuando terminó la danza, tan majestuosa como la música, después de 9 minutos, el público le dio a Rivera y su Compañía una ovación de pie con un aplauso increíblemente sensible, que duró casi tanto como la danza misma. Raras veces he visto o escuchado algo como esta demostración de amor, orgullo y apreciación artística.
Jhon Maxim, The Herald,
3 de Septiembre del 2004,
México.

  • Profeta en su tierra, José Rivera Moya y su Compañía La Cebra Danza Gay fueron el evento más exitoso dentro del festival Internacional de Danza en San Luis Potosí, México. Rivera es el coreógrafo más popular del país. Su arrastre y su éxito son un hito en la historia de la cultura mexicana.
Rosario Manzanos, Revista Proceso,
7 de Noviembre del 2004, México.